La orografía de nuestra ciudad cambia inexorablemente con el paso del tiempo. Y casi sin darnos cuenta, perdemos la perspectiva quedando tan solo las imágenes imborrables en nuestro recuerdo.
Pero estos cambios son aveces abruptos e innecesarios. Siendo a veces más fácil el rompe y rasga que la mutación tranquila propia del fruto de la reflexión y el consenso.
Escribo esto, porque ya hace algún tiempo, paseando por nuestra querida ciudad, compróbe, como el antes “bullicioso” cafe restaurante Calvo, situado frente al ya extinto mercado del carmen, era el hogar de multitud de gentes de toda clase y condición: ancianos que dormitaban en sus mesas, almas errantes que calmaban sus fatigas con algún licor, personas en riesgo de exclusión social…me era imposible no asociar este crisol de gentes con los protagonistas de alguna de las nobela de Charles Bukowski.
Y al igual que el mercado del Carmen, este viejo rincón, fue sentenciado por el olvido y la incompresión y ha sido ajustiziado recientemente.
Que historia tan melancólica y que ricamente relatada.