Recibir llamadas de teléfono inoportunas es algo que molesta a cualquiera. Pero mucho más molesto es recibirlas constantemente.
Eso es lo que me había ocurrido con cierta compañía de teléfono, de cuyo nombre no puedo acordarme…y por más que yo rechazase su orferta, ellos periódicamente volvían a llamarme por teléfono. Casi como un ritual llamaban todas las semanas sobre las 16:00 (me imagino que mi teléfono aparecería el primero de la lista en el turno de por la tarde)
Comencé experimentado diferentes emociones que les trasladaba a los comerciales: Indiferencia, rabia, odio…y todas ellas sin ningún resultado positivo por más que les recordarse que no quería sus servicios.
Entonces pensé que ocurriría si en vez de responderles de forma grosera, les contestase de forma amable. Y así, a la siguiente llamada, me esforcé por ser extremadamente amble. Llegaba a lamentar el no aceptar su oferta. Lo cierto es que los comerciales que me llamaban se descolocaban con mis repuestas.
A cada nueva llamada suya, les agradecía el que me llamasen, les preguntaba cómo se encontraban y les decía cuánto me alegraba volver a escucharles.
Y con la tercera llamada obtuve resultados. Sin pedírselo, uno de los comerciales me dijo:
_”¿sabe?, no se preocupe caballero. Le voy a dar un número de teléfono gratuito, al que usted puede llamar, para que mis compañeros no le vuelvan a llamar.
Dicho y hecho, llamé a un numero 900 y en 30 segundos realicé las gestiones para darme de baja en su lista de posibles clientes. Han pasado más de dos semanas y he de reconocer, que les estoy hechando de menos…

